lunes, 31 de enero de 2011

UN MOMENTO CON CASANDRA



Casandra. Jovencita regordeta. Viste jeans y camiseta negra y lleva una gorra sosteniendo su cabello. Trae una pequeña libreta.
Aslaksen y Hovstad. Hombres maduros. Ropas burguesas a la usanza europea de finales de 1800.
Una vieja sala de imprenta con pequeños rechinidos aquí y allá. Casandra y Aslaksen.
Casandra. (Entrando con cuidado) Buenas tardes.
Aslaksen. (Saliendo de entre un montón de maquinas) Buenas tardes, ¿qué se le ofrece? (el hombre se quedará un momento sorprendido por las ropas de Casandra, luego se alejará un paso y repetirá la pregunta). ¿Qué se le ofrece?
Casandra. Me estaba preguntando si en este periódico podrían imprimir un pequeño folleto que he de llevar a mi país cuanto antes.
Aslaksen. ¡Ah!, ahora comprendo, es usted extranjero, ya se me hacía raro el acento (hace un ademán hacia la ropa). Supongo que si llena usted el registro alguno de mis compañeros podrá atenderle mañana temprano, mi oficio aquí es puramente el de impresor y vea que se lo digo moderadamente, que es mi lema, la moderación y la templanza.
Casandra. Ya lo veo, señor. Mi preocupación es que debo volver esta misma noche y no he de irme sin imprimir este panfleto. No podría usted…
Aslaksen. No por  cierto. Sería interferir en asuntos que no me corresponden, si es tanta su urgencia debe esperar a que venga por aquí el compañero Hovstad, tal es el ciudadano con el que debe usted hablar.
Casandra. Irá a tardar mucho, mi prisa no es fingida.
Aslaksen. No lo creo, debe venir ya en camino para acompañarme a la casa del infame Dr. Stockmann.
Casandra. ¿Infame? ¿Pos que hizo que se la tiran tan feo?
Aslaksen. ¿Cómo?
Casandra. Digo (dudando), que ¿qué hizo para ganarse tal sobrenombre?
Aslaksen. Pues será usted la única persona en nuestro pueblo en no saberlo. Hoy se ha mofado de todo, desde nuestras más ilustres instituciones hasta la gente más humilde (con ira contenida) pero debo controlarme, moderación ante todo.
Casandra. Pero puedo saber que dijo que arrastró consigo a todos tal como usted lo dice.
Aslaksen. Pues que ha acusado al pueblo, a esa multitud compacta e importante, honrada y bondadosa, de idiota y fácilmente controlable.
Casandra. Bueno (dice sonriendo), eso lo sabemos todos, las masas son fácilmente dominadas en mi país también, y más que con los discursos políticos es con los medios de comunicación que dicen ser voz del pueblo y para el pueblo con los que deberíamos enfrentarnos para abatir tal control mental.
Aslaksen. ¿Pero de qué se trata esto? ¿Es que usted está de acuerdo con el Dr. Stockmann? ¿Acaso él le pidió venir aquí a encararme con tales insultos? Ahora no creo que sea capaz de publicarle su panfleto, seguramente es algo contra el balneario, ya lo veo, como el doctor no pudo argüir nada en su discurso sobre ellos ahora manda a un subordinado. Ja, cree que me puede engañar, soy un hombre de talante moderado, sí, pero no por eso un tonto como él se ha atrevido a llamarnos hace una hora.
Casandra. (Sacadísima de onda) Estas mal… digo, está usted equivocado. Mi panfleto no tiene nada que ver con balnearios pueblerinos ni con el descubrimiento del Dr. Stockmann…
Aslaksen. Niega usted entonces que no conocía las razones del Dr., es demasiado tarde, le he descubierto en su mentira (Casandra se muerde el labio inferior). Ahora márchese de buena manera, no es de un hombre templado correr a un ciudadano.
Casandra. Pero de qué habla (dice moviendo las manos en negación rápidamente frente a ella), le digo que no lo conozco (calla un momento), lo he leído en el periódico, lo decía el señor alcalde de esta población.
Aslaksen. (Con recelo) Pero entonces… ¿no conoce usted al doctor?
Casandra. (Rápidamente) Para nada. Yo sólo quería que me imprimieran este panfleto.
Aslaksen. ¿Entonces cómo es posible que hable usted tan mal de la gente de su país? Mire que retorcer la máxima más sagrada del periodista, la noticia objetiva para el pueblo. La verdad es que la mayoría es siempre quien tiene la razón y no es “dominar” como usted dice, es “encauzar” a la opinión pública lo que hace un buen medio de comunicación.
Casandra. Esta usted completamente equivocado, entre que un medio de comunicación está manejado por personas y las personas siempre tendrán una postura, es imposible pensar que se dé una noticia “objetiva” al cien por ciento, máxime que por conocimiento general todos los medios de comunicación tienen tal o cual grado de corrupción.
Aslaksen. Pues este no.
Casandra. Incluso este, si leí bien, el hecho de que usted vaya dentro de un rato a visitar al buen doctor con su compañero Hovstad, será para hacerse partícipes de una ayuda de las acciones del balneario…
Aslaksen. (Interrumpiedo) ¿Cómo sabe usted eso, señor?
Casandra. Eso se quedará en un misterio, y ya me cansé de que me diga señor, soy una mujer, ¿qué no es obvio?
Aslaksen. (Confundido y bajando el tono de voz) Pues… algo… disculpe… pensé que con su ropa…
Casandra. Pos no ande pensando pensativeces  y tome (le avienta la libreta a la cabeza) ya me cansé de hablar con usted.
Hovstad entra.
Casandra. (Empujando a Hovstad) Usté quítese (sale del lugar).
Hovstad. ¿Quién era eso?
Aslaksen. Alguien que me sacó de mis casillas. (Recogiendo la libreta) Quería que imprimiésemos esto (Se la da a Hovstad).
Hovstad. (Leyendo) A ver… dice: Tarea para el Curso Monográfico de Teatro Occidental, maestra Nidia Vincent, siglo XXI. ¿Es alguna obra fantasiosa?
Aslaksen. Ni idea, amigo, ni idea.

FIN

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