Bueno, empecemos por el principio y soltemos la carcajada al final...
TOC, TOC
Toc, toc..., la puerta resonó por primera vez, resonó en toda la casa y me sorprendió en plena huída; justo cuando estaba corriendo hacia la puerta el sonido de que alguien tocaba me dejó helada, me paralicé y caí pesadamente al suelo, algo ocurrió..., algo tronó..., un dolor terrible invadió mi pierna izquierda, pero era poco el dolor en comparación con el temor de que me encontraran aquí; lo único que pensé en ese momento fue en huir, quizás no físicamente, pero me podía ausentar mentalmente, lo hacía cada vez que algo salía mal, ese mundo del pasado al que me alejaba era mi escudo sobre el presente.
No obstante este presente era extraño, desde hace unos días todo había sido mortalmente extraño, y lo peor, lo peor es que no lo note hasta hace unos minutos. Me acuerdo muy bien de tonterías que he cometido pero ninguna como ésta. No era tan extraño después de todo, era exactamente lo que quería que ocurriera: algo fuera de lo común que me proporcionara una gran aventura, algo divertido y peligroso; pero esto ya era demasiado. Lo que era extraño ahora era recordar mi vida de hace algunos días...
- Buenos días- dije jovialmente como todas las mañanas -.
- Buenos días- me respondió el viejo tendero alegremente y dirigiéndose a mí, preguntó servicial - ¿Lo mismo de siempre?
Asentí, más para mí que para él; el anciano no pudo decirlo mejor, “lo mismo de siempre”.
Después de salir del pequeño expendio, con dos bolsas me dirigí de nuevo a casa, terminé de guardar los alimentos en mi pequeña cocineta y, justo en ese momento tocaron a la puerta...
Toc, toc..., la puerta resonó por segunda vez en un corto lapso de tiempo, pude incorporarme con algo de esfuerzo y la ayuda del siempre recto muro, la puerta estaba a unos cuantos centímetros de mí, no sabía si abrir o no, desde hace varios días habían estado ocurriendo cosas extrañas a mi alrededor. Un pequeño espasmo recorrió todo mi cuerpo, la tensión ya era demasiada; odiaba no saber quien estaba detrás de mi puerta, días antes me hubiera encantado esto de tener “visitas sorpresa”, por así decirlo, pero ahora sabía de sobra que nunca se aprecia tanto la vida que se tiene hasta que esta da un giro inesperado.
...En ese momento tocaron a la puerta, minutos antes ya estaba yo encaminada hacia ella, todo era tal y como todos los días; abrí lentamente al tiempo que sacaba el dinero específico de mi cartera, me encontré cara a cara con el repartidor de leche, lo que no era extraño, tomé dos botellones de los que me ofrecía y pagué con justa propina. Realmente odiaba toda esa monotonía diaria a la que estaba sujeta, este día no se diferenciaba en nada al día anterior, ni al anterior a éste, estaba tan enferma de todo; sin embargo, estaba tan acostumbrada a ello que mis nervios se disparaban si algo salía de su estricto orden.
Me quedé pensativa de pronto y el hombre al notarlo me preguntó si me hallaba bien: ¿Qué clase de estúpida pregunta es esa?- pregunté cerrando la puerta groseramente. Realmente el hombre no se merecía una respuesta así de mi parte, pero como dije antes, no me gustaba que las cosas salieran de control; aunque reflexionándolo bien fui yo quien sacó las cosas de balance ese día.
Ahora ya no importa, nada de eso importa; ellos están aquí afuera y no sé que hacer, ojalá todo fuera tan calmado como ese día. Lo recuerdo bien, lo tengo en mente como si fuera ayer, ese pequeño viaje-excursión que haría con mis amigas a Quiahuiztlan, yo misma lo organicé, ese día saque el dinero exacto para mis gastos, aunque luego pensé en llevar un poco más, una de las cosas de la vida es que nada esta previsto realmente.
Esperaba que las chicas empezaran a llegar y justo en ese instante tocaron a la puerta...
Toc, toc..., la puerta resonó por tercera vez en un corto lapso de tiempo. De nuevo ese sonido me sacó de mi ensoñación, creo que debería abrir y dejar de estar en esta tonta agonía..., ¿tonta? ; por supuesto que no lo era, después de lo que hice quien sabe quien pudiera estar detrás de esa delgada puerta de madera...
- ¡Hola!, ¡Ya estoy aquí!, ¿Qué? ¿Soy la primera?- dijo mi joven amiga.
- Así es – contesté al presto, - pero ya deben estar en camino así que por que no te pones cómoda mientras yo termino de arreglar mis cosas.
- Por supuesto, muchas gracias.
- No hay de que, ah, ¿podrías atender la puerta si la llaman?, podría ser otra.
- No hay problema, cuenta conmigo- respondió sonriendo.
No bien lo había dicho cuando la puerta se dejó escuchar hasta la cocina, donde estaba preparando algunos bocadillos de almuerzo, lo cual posiblemente estaba de más, ya que habíamos quedado en almorzar en la pequeña fonda que esta al pie del cerro.
A las cuatro treinta y dos, pasado meridiano, ya casi nos encontrábamos todas; solo faltaba ella, de todas nosotras ella siempre era la más puntual y nos preocupó que no hubiese llegado ni telefoneado, no era algo normal en ella. Tuve una idea, fui a la cocina y saqué el dinero justo para un transporte de mi casa a la de ella, se lo di a una amiga y también la misma cantidad para el regreso, ella debía ir y preguntar por nuestra compañera, pero más tardó en ir que en regresar diciendo que nadie se hallaba en su casa.
Una de mis amigas, que la conocía a ella de más tiempo, estaba a punto de llamar a la policía, pues juraba que ella nunca nos dejaría plantadas sin un gran motivo, todas estábamos asustadas y nos desesperamos cuando vimos que solo faltaban diez minutos para que el autobús nos pasara a recoger... Así estaban las cosas cuando...
Toc, toc..., la puerta resonó por cuarta vez en un corto lapso de tiempo, abrí los ojos al sentir otra punzada de dolor, dolía realmente, pero no dudé en que no pasaría de una simple luxación, de otro modo yo no tendría ninguna oportunidad de estar soportando el dolor y ahogando gritos como lo hacía ahora.
... La puerta sonó repetidas veces, corrí al imaginarme quien era y di un respiro de alivio al verla frente a mí con una pequeña mochila en su hombro y una cara de “casi-no-llego” que me hubiera hecho reír de no ser porque en realidad estaba muy preocupada.
Las demás se abalanzaron de pronto hacia ella preguntando qué le había ocurrido para llegar casi media hora después del horario previsto, la sorpresa fue que le había ocurrido lo más lógico del mundo, es decir, lo único que no nos pasó por la cabeza:
- El carro en el que venía se descompuso, tuve que esperar a que pasara otro para poder llegar- dijo ella, entonces algo apenada se dirigió a mí con estas palabras. – Por favor, ¿podrías prestarme dinero para pagarle al taxista?
Obviamente no me iba a negar, regresé a la pequeña cocina y tomé el dinero exacto para pagarle al hombre, justo en ese momento, llegó el autobús por nosotras.
Después de todo lo que habíamos pasado, estar en ese autobús era casi un logro, mis amigas y yo nos dirigíamos hacia ese pequeño lugar tan antiguo y lleno de misterios. La verdad nunca me habían llamado mucho la atención los lugares prehispánicos, ni las zonas de ese tipo, pero me dije; para convivir un rato y hacer locuras con las amigas cualquier lugar es bueno.
En ese momento el timbre sonó, ese timbre agudo y molesto que parecen poner adrede en los camiones para despertarte si vas en un rico sopor como el mío, en fin, el paseo había terminado, ahora tendríamos que subir a pie el cerro que se alzaba frente a nosotras, apenas bajábamos del autobús cuando...
Toc, toc..., la puerta resonó por quinta vez en un corto lapso de tiempo, se empezaba a oír desesperación en la parte externa, pero tenía pánico de abrir; así era, estaba aterrada, inmovilizada en el suelo, sudando de nervios pues la tensión estaba al máximo, trate de regresar a aquellos gratos recuerdos y alejarme de esa extraña realidad.
...Cayó una gota, luego otra, infatigablemente miles de pequeñas gotas de agua comenzaron a caer del cielo sucediéndose una tras otra, una tras otra. Corrimos a socorrernos a la pequeña fonda que dichosamente se encontraba abierta, sería imposible que subiéramos hasta las tumbas con ese tiempo, el chofer que nos trajo dijo que debíamos esperar a que el agua se quitara un poco antes de regresar. Esto era perfecto, dicho de una manera muy sarcástica; mi día “perfecto”, por el que había pagado tanto “perfecto” dinero, por el que había sacrificado todo un día de programación de televisión por cable, por el que tanto había esperado, ¡ah!, ahora estaba arruinado, ya que habían picado mi curiosidad con las historias de ese lugar lleno de tumbas que parecen casitas a escala. En fin, ¿qué se podía hacer?
Decidimos que no esperaríamos al chofer, nos iríamos en uno de esos autobuses que pasaban cada cinco minutos por ahí, de allí tomaríamos un taxi e iríamos a mi casa a ver películas y comer palomitas, después de todo, ¿qué más podríamos hacer? Suerte que había traído un poco más de dinero, así que alegremente me atreví a invitar los pasajes, después de todo ellas habían aceptado ir conmigo y yo, por culpa del tiempo, les había fallado. Así que después de ponernos de acuerdo, todas nos pusimos en marcha...
Toc, toc..., la puerta resonó por sexta vez en un corto lapso de tiempo, ahora si debían estar desesperados... Toc, toc. , se volvió a oír paralelamente, mi pierna ya casi no me dolía, mejor dicho, ya casi no la sentía. Aún me encontraba junto a la puerta, tratando de hallar el valor para abrirla y pedir ayuda a quien quiera que fuese el que estaba detrás. Mi cabeza estaba a punto de estallarme y lo peor era que no podía culpar a nadie, este pequeño accidente fue mi culpa, yo era la que quería escapar, yo era la que estaba corriendo, y sin embargo seguía buscando a quien culpar, obviamente no podría culpar a mis hermanos ya que ellos habían salido junto con mis padres durante estas vacaciones, y de mi abuelo jamás lo creerían, además de que estaba en un viaje de trabajo, y ni siquiera tenía un gato a quien echarle la culpa...
...Llegamos a mi casa después de mucha caminata, pero antes de entrar fuimos al videoclub cercano a elegir que películas ver, por supuesto no iba a dejar que después de todo este embrollo ellas pagaran, así que abrí mi bolsillo y descubrí con agrado que me quedaba exactamente el dinero suficiente para la renta de dos películas, ellas aprovecharon y compraron en una tienda junto a mi casa una bolsa de maíz para hacer palomitas.
Pasamos pues a mi humilde hogar con la alegría de que la pasaríamos bien ese día después de todo y, sobre todo, de que descansaríamos después de tanto viaje y tanto dar vueltas. La lluvia aún no cesaba y al llegar traje toallas secas para todas, el día paso sin más novedades, a excepción de que a unas cuantas les dio un ligero resfriado.
Tamb, tamb, tamb, tamb..., la puerta se abrió bruscamente golpeándome fuertemente, emití un quejido y observé como entraban preocupados mis padres, palidecí al verlos, había orado de todas las formas posibles porque no fuesen ellos, no quería que se enteraran, no quería que pasara lo que ahora era seguro que sucedería:
- ¿Qué te pasó?- pregunto mamá visiblemente preocupada
- -Me caí – fue lo único que acerté a decir.
Mis hermanos entraron e hicieron barullo, yo sólo sentía mariposas en el estómago. Mi padre me llevó hasta el sofá donde reviso mi tobillo, como lo había sospechado, no era nada grave:
- Una leve luxadura, ¿cómo te caíste?- preguntó él analítico.
- Estaba corriendo escaleras abajo y tropecé- dije esperanzada de que con todo esto nadie fuese a averiguar sobre nada más, pero las siguientes palabras de mi madre helaron mi sangre:
- Hay que comprarle una pomada- dijo ella- usemos el dinero del ahorro.
Esas palabras se quedaron flotando en mi mente, clavándose en mi como pequeñas cuchillas frías y afiladas, al tiempo, recordé lo que había sucedido tan solo el día anterior...
Aún pensaba en lo genial de la excursión con mis amigas, que más bien acabó en fiesta de pijamas, sólo que no había pijamas ni era de noche; estaba pensando en organizar otra cosa de ese estilo, sólo que cuando fui a la cocineta a tomar un poco de dinero...
No quedaba nada..., nada que hacer, sólo esperar y ver cuándo se les pasará. El dinero del ahorro que mis padres guardaban para una emergencia y el cual me habían permitido usar siempre y cuando no abusara, en fin, solo quedaba esperar...
- ¡¡CASANDRAAAA!!
FIN
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