lunes, 31 de enero de 2011

¿QUÉ ES LA AMISTAD?


-          Así que ayudas a tus padres con la tienda, ¿eh Marta?
-          Si, - respondió la encantadora jovencita de 13 años mientras despachaba un pequeño dulce de coco a la otra chica – pero solo mientras mamá ve sus novelas.
-          Bueno – dijo la otra comiendo su dulce – yo ya me voy, adiós Marta.
-          Adiós Adi, nos vemos mañana en el colegio.

Marta continuó haciendo sus cosas, desapareciendo de vista mientras Adi caminaba.
Adelaida Robles era una chica curiosa, de estatura promedio para sus trece años de edad y con una piel tan oscura como la noche en ese viejo barrio en el que vivía, pero con unos ojos tan hermosos como lo es el mar al amanecer. Si, era una persona curiosa, tanto en su físico como en su carácter, algunas veces tan tranquila como el mar de primavera, y otras tan terrible como la tormenta del diluvio, a veces tan rígida como una tabla, y a veces tan voluble como un poco de barro en las manos de un buen artesano.
Cuando tenía seis años, su padre perdió el empleo que los sostenía hasta entonces y tuvieron que dejar su linda casa para ir a vivir al callejón donde lo hacían ahora. Su progenitor no pareció tener mejor suerte y los empleos que conseguía eran temporales y mal pagados. Era tanta su desesperación que acabó pidiendo el divorcio. Tres años después la mamá de Adi se volvió a casar, esta vez el hombre era de un nivel económico bajo, pero tenía su propio taller de autos y sacaba lo suficiente para dar de comer a la familia y pagar los estudios de la chica. Así, Adi tenía 3 años de tratar con un nuevo padre y 7 de lidiar con una nueva vida.
Quizás por todo esto, y a pesar de ser una personita muy agradable, ella no tenía amigas. Por supuesto que tenía conocidos y se llevaba bien con sus compañeros de clase, pero nunca hablaba con nadie más de lo necesario. Esto preocupaba a su madre, pero al verla llegar con una sonrisa en los labios olvidaba toda la preocupación y se felicitaba a si misma por haber tenido una hija tan linda y amable.

-          Adi, hija – dijo la joven madre - ¿podrías ir a la tienda a buscar aceite para la cena?
-          Si, mamá – respondió ella algo molesta pues estaba viendo su serie favorita.
-          Pero ya es tarde, cariño. Llévate a Bo y no se entretengan.
-          Si, mamá.

Adelaida sujetó la cadena de Bo y juntos salieron. Bo era el perro de Jorge, su nuevo padre, y él y Adelaida habían congeniado desde el principio. No era un gran secreto que a ella le agradaba más el perro que el propio Jorge.
La chica y el viejo pastor caminaron las seis cuadras que separaban su hogar de la tienda mas cercana, pero al llegar Adi notó algo extraño. Se asomó discretamente por una esquina y vio como un hombre amenazaba a Marta con una botella rota. Ésta, en silencio mientras sentía la frialdad del vidrio sobre su cuello, guardaba el dinero de la caja registradora en una bolsita.
Sin pensarlo dos veces Adi abrió la puerta gritando:

-          ¡Oye tú!

El hombre volteó librando el cuello de la joven y en ese momento, a una señal de su dueña, Bo salió de las sombras clavando sus aún afilados colmillos en el criminal. Éste, al sentir la mordida del imponente Pastor Alemán, dejó caer su improvisada arma y, después de unos momentos de forcejeo, se libero del agarre del animal y salió lo mas aprisa que pudo.
Con todo el ruido, la mamá de Marta llegó solo para ver como su hija caía inconsciente por unos minutos. Cuando la hija de la tendera estuvo mejor se encargaron de arroparla en su cama para que descansara y después la señora y la joven heroína se sentaron a beber chocolate y a que relataran lo ocurrido.
Esa noche Adi no cenó como castigo a entretenerse y no llevar el aceite a tiempo.
Al otro día en la escuela todos estaban enterados de lo que había hecho la joven. Cuando el receso llegó Marta se acercó a su salvadora...

-          Gracias – le dijo simplemente.

Pero Adi estaba cansada de los halagos y la atención recibida ese día, así que respondió:

-          Sabes, si lo hubiese pensado dos veces no lo hubiera hecho – Y se levantó dejando a Marta con un rostro indescifrable.

Al terminar las clases Adi se dirigió al taller de su padrastro, debía pasar por allí para recoger el dinero del día y dárselo a su madre para las compras. Después iba a su casa, pero antes...

-          Hola Marta.
-          Hola Adi – la recibió Marta con una mueca de circunstancia - ¿Vienes por tu cocada de siempre?
-          Si, por favor.
-          Hoy se nos acabaron temprano, pero creo que aún hay adentro, ahora regreso.

Ni bien se había ido Marta cuando entraron tres hombres extraños y empezaron a reírse ruidosamente. Después entro otro hombre cojeando graciosamente, solo que a nadie le hizo gracia.

-          ¡Eres tú! – exclamó la joven algo asustada.
-          Así es mocosa, y ahora que no tienes a tu bestia podré vengarme de lo que me hiciste.

Los cuatro hombres se acercaron peligrosamente a ella, pero con sus excelentes reflejos saltó el mostrador y escapó por la puerta lateral. Aunque corría lo mas rápido que podía, sentía como iban pisándole los talones, hasta que una piedra la hizo tropezar. Las risas empezaron a escucharse de nuevo mientras los hombres sujetaban piedras y palos sueltos por ahí.
Adelaida se cubrió los ojos y esperó allí sentada lo que estaba por venir, pero en ese instante...

-          ¡Policía, levanten las manos, suelten las armas!

Uno de los oficiales fue a levantar a la negrita y detrás de él apareció Marta.

-          ¿Tu le avisaste a la policía?
-          Y le hablé a tu madre, pero sabes... si lo hubiera pensado dos veces no lo habría hecho... aunque para eso están las amigas.

Esa noche Marta no probó el postre como castigo a dejar la tienda sin vigilancia.



AMISTAD: Afecto desinteresado y recíproco entre dos personas.

“Si el amor es ciego, la amistad es invidente”

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